Soy de Bogotá.
La maternidad me encontró
en medio de todo.
Comunicadora social. Máster en redes sociales. Ex niñera profesional — que ojo, yo pensaba que eso me daba ventaja sobre esto de ser mamá. Spoiler: no.
Empieza por el blogEl plan tenía fecha
Mi esposo y yo nos conocimos en 2017. Nos casamos en 2022 con un sueño muy claro: Canadá.
Un día nos miramos y lo dijimos en voz alta. Nos vamos.
Así. Sin mapa. Solo la certeza de que era hora.
La primera visa nos la negaron.
Ahí estábamos los dos en silencio — decidiendo si eso era una señal para quedarse, o si así nomás son los trámites de migración. Le apostamos a lo segundo.
Aplicamos de nuevo. Sabiendo lo que implicaba: si salía, dejábamos todo. Familia. Amigos. El restaurante de siempre. La vida entera.
Salió.
El 27 de diciembre de 2022 aterrizamos en Toronto. Pleno invierno canadiense — que no es el "ay qué frío" de Bogotá con bufanda. Es menos veinte grados que se meten hasta los huesos sin pedir permiso.
OMG. ¿Qué hicimos?
Felices. Asustados. Las dos cosas exactamente al mismo tiempo.
Si tú tomaste también esta decisión, ya sabes.
Lo que nadie pone en el plan
Trabajamos en lo que hubo. Fui niñera dos años — me encantan los niños, y al menos tenía con qué pagar el arriendo.
Vivimos en un basement. Luego en una casa compartida con unos amigos. Luego en nuestro apartamento.
Así se construye esto. Ladrillo por ladrillo. Invierno por invierno.
Y siempre dijimos: el bebé para finales de 2026. Teníamos todo calculado — la edad, los ahorros, el momento ideal.
(La edad más que todo la mía. Pero a nadie se le ocurra decirme vieja o cerramos este blog ahora mismo.)
Teníamos. El. Plan.
Y entonces llegó enero de 2025.
La sorpresa que lo cambió todo
El 13 de enero tenía cirugía de vesícula programada. El examen de sangre preoperatorio salió negativo para embarazo.
Perfecto, pensé. Todo normal. Sin drama.
Spoiler: no todo normal.
Mi bebé ya estaba ahí. Adentro. Invisible para el examen, pero completamente real.
Catorce días después — el 27 de enero de 2025 — entré sola al baño de un centro comercial con una prueba en la mano.
Esperé.
Miré.
No decía dos rayitas. Decía una palabra:
pregnant.
Me quedé parada mirando esa palabra como si fuera a cambiar de opinión.
No cambió de opinión.
Le conté a mi mamá por videollamada. Llorando y riéndome al mismo tiempo, sin poder definir qué era exactamente lo que sentía — creo que era todo, todo junto y revuelto.
Le conté a mi esposo por videollamada. No con la sorpresa romántica que siempre imaginé. Sin globo. Sin cupcake. Sin el momento perfecto que guardan en TikTok.
Desde el baño de ese centro comercial. Con voz temblorosa. Ojos aguados.
Y lo único que quería en ese momento era abrazar a alguien.
No podía. Todos estaban a miles de kilómetros.
Feliz y agridulce. Las dos cosas. Al mismo tiempo.
¿Tú también has querido abrazar a alguien que no podías alcanzar?
"Los planes de Dios son perfectos" — siempre lo hemos dicho.
Qué manera tan impresionante de demostrarlo.
La soledad que nadie te avisó
Nadie te dice lo que se siente criar lejos de casa.
No es el idioma. No es el invierno de siete meses. No es aprender cómo funciona el sistema de salud en otro país — aunque eso también tiene su propio episodio de terror, no te preocupes.
Es la soledad de las 3am. Y se parece mucho a esto:
- — La pregunta que parece demasiado tonta para googlear.
- — El miedo que sientes pero no sabes nombrar.
- — El llanto del bebé que llevas cuarenta minutos sin entender.
- — La nariz levemente congestionada que, en un bebé de semanas, se siente como emergencia mundial.
(No lo es. Pero a las 3am, absolutamente lo es.)
¿Esto es normal? — la pregunta que me hice un millón de veces.
La solución que encontré: inteligencia artificial. Sí. Así como lo lees.
La IA se convirtió en mi mejor amiga de madrugada. No me juzga. No suspira. No dice "ay, pero es que cuando yo fui mamá…" — que es la frase que más odio en el universo conocido, dicha con todo el amor del mundo.
Responde. Siempre. A cualquier hora.
Y extrañar a tu mamá — eso no se traduce bien a ningún idioma.
La mía vino. Estuvo cuatro meses acompañándonos. Y aun así hubo momentos en que la extrañé como si estuviera a miles de kilómetros. Pensé que ya tenía asimilada la distancia.
Spoiler: no. Pero es lo que hay. Y lo hacemos funcionar.
Esto no es un manual
Tengo las herramientas. Comunicadora social. Máster en redes sociales. Años entendiendo cómo se construyen historias y comunidades.
Solo me faltaba algo real que contar. Algo desde adentro — no desde el manual. Que ya sabemos que no existe.
Mama Unscripted existe porque necesitaba un lugar para procesar todo esto mientras lo vivo:
- — El embarazo sorpresa.
- — El primer año.
- — Los miedos que no le cuento a todo el mundo.
- — Las preguntas de las 3am.
- — Los momentos hermosos y los que definitivamente no tanto.
Sin la pose. Sin el filtro. Sin fingir que sé lo que hago.
Porque no sé. Ninguna sabe del todo. Todas estamos improvisando con más o menos cafeína en el cuerpo.
Y si esto le sirve a una sola mamá primeriza en cualquier parte del mundo — ya valió todo.
Si estás leyendo esto con un café frío,
con dudas, o preguntándote "¿esto es normal?"
Bienvenida.
No hay manual.
Pero no estás sola.
Y aunque no sepas exactamente qué estás haciendo —
lo estás haciendo bien.
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